17/11/08

Volver a casa o cómo Cronos nos robó la inocencia


Dicen que el tiempo lo cura todo. Nunca me lo creí demasiado. Lo cierto es que el tiempo no te cura, sólo te insensibiliza. Cuando te olvidas de aquello que te dolía, no es porque ya no duela o la herida haya cerrado, sino porque te da igual. Porque ya no importa. Estás insensible al dolor.

Cuando algo te hace daño, daño de verdad, pierdes una parte de tu inocencia. Lo peor de todo es darte cuenta que no va volver. Cuando la pierdes, es para siempre. Es como despertar de un sueño. Por mucho que trates de volver al mismo, sólo conseguirás desvelarte.

Es la razón por la que las personas protegemos la inocencia de los niños. Tratamos de disfrutar las cosas otra vez como si fuéramos críos y la gente cae en complejos de Peter Pan (sólo que Peter Pan tenía que hacer de padre y guardián). Nos acordamos de cuando éramos niños y sólo había risas y diversión, y papá y mamá eran los baluartes de protección inquebrantable.

Vamos descubriendo verdades y Cronos va rebanando pedazos de nuestra ignorancia sin preocuparse por rellenar el hueco.

Llega un momento en el que nos miramos al espejo y vemos nuestro esqueleto desnudo de ingenuidad y nos percatamos de que necesitamos cubrirlo con algo. Algunos buscan placer, otros poder, otros conocimiento, otros amor y muchas cosas más. Pero lo cierto es que lo que necesitamos es volver a casa.

Volver a sentirse protegido. A disfrutar de manera pura. A no preocuparse por nada. A no sentirse solo. Por eso mucha gente crea una familia. Para poder volver al hogar, aunque en este caso sea crear uno tú mismo. Porque gozan viendo como sus hijos viven aquello que les ocurrió tantos años atrás. Y recuerdan momentos de su juventud y juegan con ellos y hacen tonterías. Pero no importa, porque vuelven a estar en casa y son niños de nuevo.

Por eso mucha gente cree en dioses. Necesitan creer que alguien más grande y poderoso que ellos va a cuidarlos cuando pase la tormenta, como el padre que calma a su hijo durante la lluvia. El paraíso no está lleno de frutos ni oro ni néctar. El paraíso es un plato de sopa. Es un regalo de cumpleaños. Es un cuento antes de dormir. Es estar en casa.



Un saludo

11/11/08